Cuando los padres fueron nazis

“Cuando los padres fueron nazis…”,
por Gina Zabludovsky,
publicado originalmente en Periódico Uno más Uno, sección “Política internacional”,
México, sábado 3 de agosto, 1991, p. 25.

A los nuevos alemanes no les
han simplificado la existencia
los viejos alemanes.
P. Sichrovsky

Acaba de aparecer en español el libro titulado Nacidos culpables, en el cual Peter Sichrovsky nos presenta una compilación de entrevistas realizadas con hijos de familias nazi alemanas y austriacas.
Se trata de una serie de testimonios sumamente interesantes que se difundieron por primera vez en 1987 en la revista Spiegel. El impacto producido se reflejó en la gran cantidad de cartas dirigidas a la redacción en donde los lectores expresaron sus propias opiniones y experiencias. Algunos de estos comentarios también han sido incluidos en la edición actual que ya ha sido traducida en varios idiomas e incluso ha llegado a ser representada teatralmente en escenarios internacionales. Por la importancia que el tema puede tener para explicar “algunos motivos escondidos” tanto de los brotes de neonazismo como de las manifestaciones antinazis que se dan en la Alemania actual, considero conveniente reflexionar brevemente sobre el tema no sin antes felicitar a la editorial Samara que debuta en nuestro país con la traducción de tan importante texto.
Sichrovsky nos presenta los testimonios de 15 hombres y mujeres que ―con excepción de una muchacha de 19 años que representa a la tercera generación― tenían entre 26 y 43 años de edad cuando fueron entrevistados. Todos ellos son hijos de ex miembros de la SS de diversos rangos, algunos tuvieron puestos importantes dentro de la jerarquía fascista, otros “simplemente” fueron funcionarios serviles. Durante la guerra, los respectivos padres tuvieron diversas ocupaciones como la de haber sido oficial en Auschwitz, maquinista de los trenes que transportaban la “carga humana” hacia los campos de exterminio, doctor encargado de Dachau, director de una fábrica de armamento y otros “honorables oficios”.
Lo que de manera estremecedora se muestra a través de las entrevistas es cómo esta generación de la posguerra creció sin haber visto a sus padres como ex héroes nazis, como asesinos o cómplices. Por el contrario, éstos se presentaron a sus hijos como víctimas manteniendo un forzado silencio que obligaba a no tocar el tema de su pasado en el seno familiar. En la medida en que los hijos no tuvieron la oportunidad de enfrentar y reelaborar la culpa de sus padres, se convirtieron, como el autor señala, en “víctimas de sus propios padres”.
Los jóvenes descendientes de los nazis se movieron en dos esferas distintas e irreconciliables: por fuera estaban rodeados por un entorno democrático, y por dentro, con una estructura familiar autoritaria. Mientras en el “ámbito público” aprendían sobre las atrocidades del nazismo, en el “privado” éstas nunca se relacionaban abiertamente con la vida de sus propios padres. Muchos de ellos se consumían en el temor de que su padre no hubiera sido simplemente el soldado ordinario que aparentaba ser. El vínculo entre las terribles imágenes de la época y la participación directa de sus padres fue ―y sigue siendo― una fuente de terrible angustia.
Los entrevistados nos muestran los diferentes caminos tomados en la lucha para tratar de resolver sus propios conflictos. Algunos de ellos no logran sobreponerse y muestran claros rasgos patológicos: tal es el caso del estafador que acaba encarcelado, o del joven que encuentra en el homosexualismo la mejor manera de alejar la rígida moral social de unos padres radicados en una colonia nazi en Argentina. Otros parecen reproducir los rasgos de la personalidad autoritaria de su hogar, comparten las “viejas” opiniones y actitudes fascistas y buscan en los movimientos neonazis la forma de recuperar un “orgullo alemán” que consideran perdido. Otros más, por el contrario, se distinguen por un claro rechazo y crítica hacia las actitudes tomadas de sus antecesores y ―a semejanza de las propias víctimas― poseen una extraordinaria sensibilidad para “mantenerse alerta” contra todo tipo de renacimiento del nazismo.
Resulta por demás interesante que puedan encontrarse posiciones opuestas en miembros de la misma familia, como lo muestran en la entrevista a dos hermanos que acaban acusándose entre sí y el testimonio de la joven Stefanie, quien busca una identificación con su abuelo nazi y critica a sus padres y a su hermana por considerar que tienen una culpabilidad y una amabilidad extrema.
Los sobrecogedores documentos que nos presenta Sichrovsky despiertan muchas inquietudes y abren vetas para continuar con la investigación sobre el tema.
¿Hasta dónde las experiencias familiares singulares pueden explicar los motivos individuales para participar en movimientos sociales de apoyo o rechazo a las nuevas formas de nazismo que se dan en la actualidad?
En una visita reciente a Alemania, me tocó vivir de una forma cotidiana estas actitudes encontradas. Por un lado, una clara preocupación por entender el pasado para no repetirlo. Durante mi estadía, la televisión alemana dedicó varios programas a la información y al análisis de la época nazi. Recientemente se han filmado algunas películas que como La chica detestable, de Varhoeven, denuncian la complicidad del ciudadano común. Tanto en las librerías como en algunos puestos ambulantes se venden libros en los que se analizan cuestiones relacionadas con el antisemitismo y otras formas de racismo. En algunos sectores, se lucha para mejorar las condiciones de inmigrantes y de las minorías.
Por el otro lado, las manifestaciones de neonazis en Dresden y otras ciudades; el rechazo a todo lo extranjero; la tendencia a culpar a la población polaca y turca del creciente desempleo; la corriente de revisionismo histórico que también se ha desarrollado fuera de Alemania y que intenta negar el holocausto; el considerar que las películas que aluden a estos temas son exageraciones promovidas por una nueva conspiración judía, etcétera.
Con respecto a la juventud actual, convendría indagar más sobre las formas en que las actitudes de los padres y abuelos han influido en las diferentes posiciones. ¿Hasta qué punto estas historias personales pueden ser vinculadas con el activismo de los skinheads (cabezas rapadas)?
El libro deja ver algunos rasgos de las reacciones encontradas de la nueva generación. Algunos jóvenes critican la “debilidad” de sus padres y buscan identificación con los abuelos nazis. Otros, en cambio, confrontan a sus propios padres por la complacencia que tuvieron frente al pasado de sus abuelos.
Ahora, ante el proceso de unificación alemana, debemos preguntarnos también sobre las distintas experiencias de los hijos de familias nazis que crecieron en la República Federal de Alemania y los que radicaron en la ex RDA. En términos generales, parecería ser que, a diferencia de los primeros, éstos últimos no han incorporado la historia del nazismo ―ni siquiera en el ámbito de lo público― como parte de su pasado, sin que, educados dentro del marxismo-leninismo consideraron que los culpables eran los otros alemanes que habían sucumbido al fascismo como consecuencia del desarrollo irracional de las fuerzas del capitalismo. ¿Cómo se relacionaron con sus padres nazis los alemanes de Europa del Este? ¿Qué diferencias en el desarrollo personal produjeron las respectivas historias oficiales de las dos Alemanias?
Por último, conviene reflexionar sobre las formas en que se ha asumido la historia del activismo nazi en otros países que tienden a considerarse como meras víctimas de la ocupación. Los datos que se obtienen a partir de la recepción del libro son significativos. En el epílogo, el propio autor señala que mientras en Alemania la mayoría de las respuestas fue positiva dando lugar a diversos debates, sobre el tema, en Austria, donde una parte importante de la población participó en las fuerzas de la SS, ha habido una reacción generalizada de silencio.
¿A qué obedecen las distintas reacciones? ¿Hasta qué punto, como sugiere Sichrovsky, el mecanismo de represión sigue funcionando? ¿Se podría encontrar alguna vinculación entre éste y la forma en que se manejó el caso Kurt Waldheim? Estas son sólo algunas preguntas que quedan en el tintero. Habría que analizar las reacciones que se produzcan en otros países europeos como Francia y Holanda, donde las ediciones respectivas incluirán entrevistas con hijos de colaboracionistas nazis locales.

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