Frente a la Conferencia de Paz: extremistas y moderados

“Frente a la Conferencia de Paz: extremistas y moderados”,
por Gina Zabludovsky,
publicado originalmente en Periódico Uno más Uno, sección “Política internacional”,
México, sábado 2 de noviembre, 1991.

Ahora que se realiza la Conferencia de Paz entre árabes e israelíes en Madrid, quizá convenga echar un vistazo a lo que opinan los diferentes partidos políticos de Israel ante el encuentro y las posibilidades que a partir de éste pueden abrirse.
La compleja democracia israelí está constituida por más de 15 partidos que tienen representación en el Parlamento Knesset, autoridad suprema del país constituida por 120 miembros elegidos proporcionalmente por medio de una votación universal, secreta y directa.
Como se sabe, los principales partidos son el Likud y el Laborista, cada uno de los cuales tiene 38 parlamentarios. Ambos partidos consideran positivo haber aceptado la iniciativa estadounidense, pero tienen serias diferencias en lo que respecta a la devolución de “territorios a cambio de paz” en Cisjordania y la Franja de Gaza.
Mientras el Likud ha manifestado su oposición a esta posibilidad, el laborismo lo ve con buenos ojos. Habrá que ver si los representantes del Likud, con Shamir a la cabeza, serán “forzados” a cambiar su posición o si ésta es en la actualidad más que nada una estrategia inicial. Es de esperarse que si las conversaciones continúan la línea adoptada, tanto por el gobierno de Israel como el de los representantes árabes, cambie paulatinamente dentro del proceso de “estira y afloja” que las negociaciones habrán de producir.
Al respecto resulta, que además de observar a los protagonistas directamente involucrados, es conveniente estar al tanto de la opinión de los grupos minoritarios con representación parlamentaria que, en términos de la vida política real de Israel, tienden muchas veces a adquirir una importancia desproporcionada en relación con los votos electorales realmente obtenidos, situación que se explica por su posibilidad de aliarse con uno de los dos partidos mayoritarios e inclinar la balanza en un sentido o en otro para integrar un gobierno.
En lo que respecta al conflicto territorial, estos grupos son los que generalmente “hacen más ruido”, al participar en manifestaciones y otros actos para ―según sea el caso― apoyar u oponerse a los nuevos asentamientos judíos en Cisjordania y con la eventual devolución de estos territorios.
Así, en relación a la Conferencia de Paz, a semejanza del Likud y el partido Laborista, los otros partidos también consideraron positivo que el gobierno de Shamir haya aceptado asistir y participar en ésta. Únicamente los partidos Moledet y el ultranacionalista Techiya con dos y tres representantes parlamentarios respectivamente, consideran que Shamir no debería “haber dado su brazo a torcer” ante la propuesta estadounidense.
Sobre los planteamientos de “territorios a cambio de paz” en Cisjordania y Gaza, además de los partidos Likud, Tehiya y Modelet, se han declarado adversos a esta posibilidad el Partido Nacional Religioso, con cinco representantes en el parlamento, y el partido Agudat Israel, que se opone a la devolución, pero favorece la autonomía de la región. Sin embargo, otros partidarios religiosos, como el Shas (con cinco representantes) parecen estar dispuestos a aceptar la devolución de territorios bajo ciertas condiciones.
En el otro espectro político están los partidos de izquierda, cuyos líderes convocan constantemente a manifestaciones por la paz ―la última se llevó a cabo en Tel Aviv el sábado pasado― y entre los que están el partido Ratz (Derechos Civiles) con cinco representantes parlamentarios, el Hadash (Frente Democrático para la Paz y la Igualdad) y el Mapam (sionistas socialistas), cada uno de ellos con tres miembros en el Parlamento.
Estas eran, hacia mediados de agosto, las posiciones mantenidas por los partidos de Israel ante las posibilidades de la Conferencia de Paz.
Aunque la ausencia de democracia en los países del mundo árabe no permite esta transparencia en la manifestación de posiciones, sabemos que en ellos hay también una gama que va desde las más conciliadoras a las más intransigentes que aún se niegan a reconocer el derecho a la existencia del Estado de Israel. Basta mencionar como ejemplos las manifestaciones contra la Conferencia de Paz que en los pasados días han organizado los grupos radicales de panarabistas y de fundamentalistas islámicos en Cisjordania, El Cairo, Libia y Líbano y como contraparte, las marchas de palestinos pacifistas que en la ciudad de Gaza han unido sus voces en torno al grito de “queremos paz no muerte” y para expresar su apoyo decidido a la Conferencia de Madrid.
Habrá que estar pendientes ahora del peso que los distintos grupos puedan tener en las actitudes asumidas por sus líderes en la Conferencia y de los posibles cambios y actitudes que los diferentes sectores políticos adopten conforme avance el proceso de paz (si no es demasiado optimista suponer que éste será el caso).

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