Condena

Publicado originalmente en EstePaís/ Número 232, México agosto de 2010. Cultura p. 11

Si un hombre atraviesa el Paraíso con un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado allí y al despertar encontrara una flor en su mano…. ¿entonces què?

S. T. Coleridge

Soñó con el infierno y, al despertar, la piel de su cuerpo esta quemada. El dolor era intenso, las ampollas le impedían moverse con naturalidad. En busca de algún remedio, durante la mañana, visitó a varios farmacéuticos y doctores del pueblo, pero no encontró nada efectivo. Desesperado, en la tarde acudió con la curandera, quién le administró unos polvos que, le aseguraba, eran mágicos y le harían efecto en unas cuantas horas. Pero tampoco resultó; tuvo que resistir así hasta la noche, cuando solventó los dolores tomándose unas copas de vino que lo hicieron dormir.

En el sueño se encontró nuevamente con el Diablo y le preguntó si había un remedio para combatir sus males diurnos, ya que durante la noche las llamas no le molestaban y el infierno le resultaba divertido. “No hay alivio fácil”, contestó Satán, “la única medicina se consigue en el Paraíso”.

Al día siguiente trató de superar sus dolores y comportarse de manera ejemplar. Quitó los fetiches que había en su cuarto y se prometió no volver a venerarlos. Se acordó de que sus padres estaban enfermos y no les había hablado en más de seis meses así es que los visitó y les rindió los debidos honores. Compró sus provisiones en la tienda de abarrotes, y por primera vez no aprovechó la distracción del dueño para robarse alguna mercancía. .En lo que pensó sería la última prueba de su voluntad, rechazó las invitaciones de sus amigos para tomarse las copas con las que siempre brindaban desde que empezaba a ocultarse el sol hasta altas horas de la noche.

Al final del día, orgulloso de sí mismo, regresó a su casa pensando que finalmente había llegado la hora de dormir y que esta vez sería diferente. Pero en el camino se encontró a la mujer de Benjamín y no pudo contener el deseo que siempre había sentido por ella. Sintió un nuevo ritmo en su cuerpo, la pasión lo invadió y fue difícil retornar a su estado de serenidad anterior.

Estaba condenado.

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